EL RETO CATALAN
PRESENTACIÓN
El reto de la Cataluña
nacionalista (Asamblea Nacional Catalana, partidos nacionalistas y grupos
anti-sistema de extrema izquierda) contra las instituciones españolas y el
Reino de España no es de hoy, siglo XXI, en un momento de globalización
industrial y bancario, normalización constitucional, con el uso europeo de
moneda única, internacionalización industrial y la esperanzadora salida de una
profunda crisis económica que intentaron encubrir desde el año 2007 hasta el
año 2011 los simpatizantes del Gobierno socialista de Zapatero: otra bancarrota
del Reino de España propiciada por la incompetencia, el despilfarro y la
corrupción de todos los agentes sociales (sindicatos, partidos políticos y
entidades financiaras). Una bancarrota más en la fragosa y ditirámbica historia
de España y del desafío independista de las instituciones catalanas, unas veces
apoyada por el mínimo sentimiento de Estado de la izquierda, otras veces por
las ideas de federalismo y secesión republicanas, otras más por la manipulación
de la burguesía y el industrialismo patronal, y otras más ayudadas por la ambigüedad
del PSOE, PP; pero resumiendo: siempre Cataluña ha protagonizado momentos
históricos más cercanos a un abandono de los deberes institucionales que a la
realidad de una solidaridad española; un error de abandono en un Mundo más globalizado,
ágil y sin fronteras cuyos gastos y errores han sido pagados con deudas y con
víctimas. Ahora, en los años 2014 y 2015 en España comienzan a ganar posiciones
grupos anti sistema de ideología totalitaria marxista, algo impensable en una
sociedad moderna y liberal.
EL RETO CATALÁN. Las
instituciones políticas NACIONALISTAS catalanas han iniciado procesos de
secesión apoyados por las tropas francesas contra Felipe IV: Guerra de Secesión
Catalana (1640-1652); han protagonizado traiciones y conspiraciones contra la
Corona durante la Guerra de Sucesión Española siendo consejero Rafael Casanova (bando del archiduque
Carlos) en abril de 1706, luchando contra las tropas de Felipe V (bando Borbón)
que rodearon la ciudad e iniciaron el Sitio de Barcelona (1706) para conquistarla;
el nacionalismo catalán embarró las portadas de los periódicos protagonizando
las asambleas plebiscitarias durante el reinado de Isabel II y el periodo de la
Restauración y sigue buscando llenar páginas de diarios europeos, siempre
contando con la permisividad y el deterioro de pactos desde los partidos
políticos de Madrid, ayudando torpemente al nacimiento del catalanismo político,
del sentimiento secesionista catalán y la exposición de agravios desde España
contra un error nacional llamado: la Nación de Cataluña. El Gobierno de
Cataluña con el dinero de Madrid a las
CCAA ha utilizado las competencias de educación, los medios de comunicación y
la mentira histórica como herramientas para engañar al pueblo (extranjero en el
mayor de los casos), creando un sentimiento de odio y desafección contra las
instituciones democráticas españolas (siendo la quiebra económica de
Cataluña solventada por los gobiernos de Madrid); además el independentismo catalán ha contado con el
apoyo de las ideas federalistas del partido Socialista (un invento sin hoja de
ruta) y grupos radicales y anti-sistema de la izquierda española (II República
1941-1939), además de las ideas más cercanas al KAOS y a los POPULISMOS
iberoamericanos de la CUP (Ada Colau) que tan tristes resultados han obtenido
para sus ciudadanos en los hermanos países de Iberoamérica: encarcelación de
presos políticos en Venezuela, desabastecimiento alimenticio, subvenciones
absurdas, corralitos y devaluación fiscal hasta la ruina económica; las misma ideas
propulsadas y promulgadas por un incompetente llamado José Luis Rodríguez
Zapatero (Valladolid 4 de agosto de 1960), presidente del Gobierno de España durante
dos legislaturas (2004-2007) ensombrecidas por la relación de su candidatura
con los atentados del 11M y la nefasta actuación política y económica en la
legislatura (2007- 2011) que permitió la legalización de los partidos políticos
PROETARRAS, reforma educativa de exaltación anti-nacional (LOGSE) y el despilfarro económico negando y
ocultando una deuda que permanecerá en la presión fiscal durante varias
generaciones de españoles.
El Nacionalismo catalán es un
error y un desafío a la inteligencia de los españoles del siglo XXI. Estamos en
la era del amiguismo, del compadreo con todo el mundo: todo cuánto viene de
fuera es bueno y debemos mimetizarnos para poder recibir nuevos valores morales
e ideológicos, debemos olvidar nuestro cervantismo, nuestra historia, nuestras
costumbres hispanas para no molestar sus creencias, sus costumbres… toda
persona que se mantiene en sus valores, en sus creencias, en sus convicciones
es un inmovilista, un reaccionario, un facha, un fascista (palabra aprendida y
repetida hasta la saciedad en los campamentos mata cerebros de la izquierda
española); y recuerdo a los lectores una
frase: <<no sé cuál es la clave
para alcanzar el éxito, pero la clave para alcanzar el fracaso es intentar
agradar a todos…>> las mentiras y los engaños, las argucias y las
falsedades, la manipulación mediática y la desvaluación veraz de la historia de
Cataluña por parte de las entidades nacionalistas catalanas son y serán siempre
una herramienta eficaz contra la poca inteligencia de los incultos, el buen
corazón de los incautos y el coladero intelectual en el agujero mental de los
desinformados españoles que consideran el sentimiento catalán como un derecho
territorial, en vez de entender que, su RETO contra España, es un paso más
hacia el fracaso económico del conjunto de los pueblos de España, y, quizás la
peor sensación: el enfrentamiento social de los catalanes entre catalanes y
desde los españoles contra los independentistas catalanes y el catalanismo. Por
mi parte nunca permitiré la secesión de Cataluña del reino o la república de
España; intentaré la unidad y la solidaridad de todos los hombre y mujeres de
las tierras de España en beneficio de futuras generaciones; usaré todas las
herramientas pacificas contra el independentismo y en caso de necesidad, usaré
mi derecho legítimo a la defensa de mis intereses económicos que me afectan
cómo castellano, español y europeo en beneficio común de mi identidad de
nacionalista español.
NACIONALISMO HISTORIA Y PROPAGANDA
NACIONALISMO: La idea de
Estado como Nación se afianzó en Europa con el tratado de Westfalia (1648), que
es considerado el origen del concepto de soberanía nacional. El nacionalismo
continuó siendo un fenómeno elitista durante una parte de siglos tras el
tratado, pero fue durante el siglo XIX, con el Romanticismo, cuando se propagó
ampliamente por toda Europa y ganó popularidad. Desde entonces, el nacionalismo
ha dominado las políticas europeas y mundiales. En el marco del nacionalismo,
en la crónica de la humanidad, el mejor ejemplo de un mal sentimiento
nacionalista es la triste evolución de Alemania y la victoria en las elecciones
democráticas del Partido Socialista Nacional Obrero de Alemania. El
nacionalismo, entendido como expansión de una raza, nación y pueblo distinto y
superior es sin duda alguna el mayor error belicista. En la historia de España
las guerras territoriales por Cataluña han sido continuas desde la Reconquista,
pero el tratado de Westfalia sirve para delimitar las posesiones españolas en
los Condados del Rosellón y la Cerdeña y las fronteras de los territorios
catalanes-aragoneses con las demarcaciones entre España y Francia.
FRASES PARA CALLAR AL NACIONALISMO
Por mi vida han
galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el
hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer
y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo
en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre
todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de
nuestra cultura europea”. (Prefacio de “El mundo de ayer”). STEFAN ZWEI.
La gente piensa que los límites y las fronteras construyen naciones. Tonterías... Son las palabras las que lo hacen: creencias, declaraciones, constituciones... Palabras. Historias. Mitos. Mentiras. Promesas. Historia. LIBBA BRAY
LA GUERRA DE SECESIÓN (1640-1652)
La gente piensa que los límites y las fronteras construyen naciones. Tonterías... Son las palabras las que lo hacen: creencias, declaraciones, constituciones... Palabras. Historias. Mitos. Mentiras. Promesas. Historia. LIBBA BRAY
LA GUERRA DE SECESIÓN (1640-1652)
La Guerra de los Segadores y El
Corpus de Sang (7 de junio de 1640)
Las instituciones políticas
catalanas iniciaron en 1640 un proceso de secesión que culminó con la
segregación y levantamiento del Principado de Cataluña y su incorporación a la
Corona de Francia; una guerra durante más de una década hasta que Felipe IV
consiguió la obediencia de Cataluña a la Corona de España y el replanteamiento
de su política absolutista.
El preámbulo de este conflicto
es la Ley de Armas (Multa regna, sed una lex, «Muchos reinos, pero
una ley»),[
redactada por el Conde-Duque de Olivares, promulgando una ley común a los que
fueron antiguos reinos y que pretendía subsanar los problemas económicos de la
bancarrota de la Corona de España afianzando el absolutismo y sometiendo a los
distintos herederos de los antiguos reinos…virreyes constituyentes de España
Tenga Vuestra Majestad
por el negocio más importante de su Monarquía, el hacerse Rey de España: quiero
decir, Señor, que no se contente Vuestra Majestad con ser Rey de Portugal, de
Aragón, de Valencia, Conde de Barcelona, sino que trabaje y piense, con consejo
mudado y secreto, por reducir estas reinos de que se compone España al estilo y
leyes de Castilla, sin ninguna diferencia, que si Vuestra Majestad lo alcanza
será el Príncipe más poderoso del mundo.
La situación crítica por la
que iba caminando la monarquía hispánica a través del siglo XVII alcanzaría su
clímax el año 1640, cuando España se encontraba en guerra abierta con Francia
desde 1635, en medio de un descalabro financiero, afrontando un desencanto
popular que conducirían a qué los reinos peninsulares (Principado de Cataluña y
Corona de Portugal) en 1640 se levantarán contra la corona de España como
consecuencia de la gravísima crisis económica, y política y social de una
monarquía que, debatiéndose por evitar su desmembramiento interno, aún pugnaba
por mantener el inmenso y costoso Imperio heredado de los Reyes Católicos. El
alojamiento en Cataluña de las tropas españolas que habían luchado en Salses
(1639) fue el detonante de la revuelta popular de los segadores el día del
Corpus, 7 de junio del año 1640, siendo asesinado el conde de Sata Coloma,
virrey de Felipe IV. Daba así comienzo la guerra de Secesión Catalana, que Francia
(una vez más) con Richelieu, de forma premeditada, aprovecha para prestar su
interesado apoyo a los catalanes, invadiendo de este modo el suelo peninsular y
conlleva la incorporación del Principado de Cataluña a la Monarquía francesa
avanzando los combates hasta las fronteras del reino de Aragón. Los frentes de
guerra se extendieron en los condados del Rosellón y la Cerdeña, el área tarraconense
y la frontera catalana-aragonesa.
LA GUERRA DE SUCESIÓN Y RAFAEL CASANOVA
La Guerra de Sucesión Española
fue un conflicto internacional que duró desde 1701 hasta la firma del tratado
de Utrecht en 1713, que tuvo como causa fundamental la muerte sin descendencia
de Carlos II de España, último representante de la Casa de Habsburgo, y que
dejó como principal consecuencia la instauración de la Casa de Borbón en el
trono de España.
Antecedentes
La muerte sin descendencia de
Carlos II el Hechizado, sucedido por el duque Felipe de Anjou, dio lugar a un
conflicto internacional que pronto se tornó guerra civil en la propia España
entre los partidarios del Archiduque Carlos y los de Felipe V (carlistas y
borbónicos). Este último juró en 1702 las Constituciones de Cataluña, otorgando
nuevos privilegios a las instituciones catalanas de las cuales recibió
homenaje. Sin embargo la guerra ya había estallado en los campos de batalla de
Europa cuando la Casa de Austria invadió los territorios españoles de Italia.
Ante las continuas derrotas borbónicas Felipe V no pudo continuar su itinerario
para jurar los fueros de Aragón y Valencia, trasladándose en persona al frente
italiano. Ya en Barcelona en 1703 los austracistas, los partidarios de la
tradicional Casa de Austria, recibieron el mote de Imperiales o Aguiluchos, por
ser este el símbolo del imperio austríaco, mientras que los adherentes de la
Casa de Borbón eran tildados de Butifleros. En 1704 las tropas de la Gran
Alianza de la Haya lanzaron un intento de desembarco aliado en Barcelona con la
complicidad de un reducido número de Aguiluchos barceloneses. Fracasada la
intentona varios caudillos austracistas se exiliaron, pero a fin de evitar
nuevos desaguisados el virrey Francisco de Velasco lanzó una represión
indiscriminada conculcando repetidamente las Constituciones de Cataluña, hecho
que incrementó el apoyo a los austracistas. Retornado Felipe V a Madrid la
ciudad de Barcelona, que tenía el privilegio de nombrar embajadores propios,
nombró a Pablo Ignacio Dalmases para denunciar ante Felipe V en persona la
actitud del virrey Velasco. Pero en 5 de febrero de 1705, nada más llegar a la
corte de Madrid, el embajador fue detenido y encarcelado. Tres meses después
estallaba la revuelta en Cataluña y el 20 de junio de 1705 los caudillos
austracistas catalanes firmaban el Pacto de Génova, una alianza militar entre
Cataluña e Inglaterra en virtud de la cual Cataluña se comprometía a luchar por
la causa del pretendiente al trono español Carlos de Austria con la ayuda
militar de Inglaterra, y esta se comprometía a defender las Constituciones de
Cataluña fuera cual fuere el resultado de la guerra. En octubre de 1705 las
tropas del archiduque Carlos tomaron Barcelona al asalto, y la Generalidad de
Cataluña y los Consellers de Barcelona le aclamaron como a un libertador. Días
más tarde el archiduque de Austria era proclamado legítimo rey Carlos III de
España, jurando respetar las Constituciones de Cataluña y convirtiendo a
Barcelona en sede de su corte y baluarte austracista durante el resto de la
guerra hasta la caída de Barcelona.
El sitio de Barcelona fue una
de las últimas operaciones militares de la Guerra de Sucesión Española. Se
produjo entre el 25 de julio de 1713 y el 11 de septiembre de 1714. El combate
enfrentó a los defensores de Barcelona, formados por la coronela (Rafael
Casanova i Comes), el ejército movilizado por la Generalidad de Cataluña y
partidarios del archiduque Carlos contra las tropas de Felipe V de España y sus
aliados franceses. En recuerdo de los caídos y la defensa por parte de los
barceloneses, se conmemora como fiesta oficial de Cataluña (Diada Nacional de
Catalunya), el Día Once de Septiembre.
Rafael Casanova i Comes (Moyá, c.1660 – San Baudilio de Llobregat,
2 de mayo de 1743) fue un jurista español, partidario del archiduque Carlos de
Austria como Rey de España durante la Guerra de Sucesión Española, Conseller en
Cap de la ciudad de Barcelona y máxima autoridad militar y política de Cataluña
durante el sitio borbónico de Barcelona. Herido en la batalla final del 11 de
septiembre de 1714, Casanova fue exonerado de sus cargos políticos y militares
y volvió a ejercer la abogacía hasta poco antes de su muerte. Mantuvo el
contacto con varios de los que habían sido dirigentes de la ciudad durante el
sitio, así como con los exiliados en el imperio austríaco, y se le atribuye la
autoría de un ensayo publicado en 1736.
SEMANA TRÁGICA DE BARCELONA
Se conoce como Semana Trágica a los
acontecimientos sucedidos en Barcelona y otras localidades catalanas, entre el
25 de julio y el 2 de agosto de 1909. El detonante de estos hechos lamentables
fue la movilización de reservistas para su envío a la zona de Melilla, donde el
día 9 del mismo mes había comenzado la Guerra de Melilla, para muchos motivada
exclusivamente por el descubrimiento del año anterior de unas minas propiedad
de una sociedad controlada por el Conde de Romanones, el Marqués de Comillas y
el Conde de Güell. Esta movilización fue muy mal acogida por las clases
populares, ya que, debido a la legislación de reclutamiento, se podía quedar
exento de la incorporación a filas mediante el pago de seis mil reales,
cantidad que no estaba al alcance de los más pobres (el sueldo de un obrero de
la época no era de más de 5 pesetas o 10 reales al día). Por otra parte, los
reservistas mayoritariamente ya estaban casados y con familia a su cargo. Los
conatos de revueltas ya eran frecuentes desde los movimientos obreros por la
falta de trabajo (Exposición de Barcelona 1888), las desigualdades sociales y
la pérdida de los territorios españoles en Cuba y Filipinas, el conocido <> y la guerra
hispano-estadounidense, demostrando que
España y en concreto Cataluña estaba en un proceso de recesión económica que
desencadena la huelga general del día 25
de julio de 1909 que será reprimida desde Madrid de forma violenta.
La huelga general del día 26
de julio de 1909. Los trabajadores agrupados en sindicatos obreros habían convocado
huelga general en Barcelona y ese día nada hace presagiar a primera hora de
este lunes reivindicativo que una semana trágica acababa de comenzar. Sin
embargo, al final de ese mismo día, concretamente a las 23.30 horas, un grupo
de hombres y mujeres asalta e incendia el Patronato Obrero de San José en el
Poblenou. Fue el primero de los 80 edificios religiosos -entre iglesias
parroquiales, escuelas e instituciones benéficas- que aquellos días ardieron
como una tea en la ciudad condal.
No se ha esclarecido las
causas ciertas de esta revuelta que para algunos fue una Semana roja y victoriosa:
descontento popular, lucha de clases, desobediencia civil… En los ensayos de Dolors
Marín, doctora en Historia Contemporánea por la Universidad de Barcelona, trata
de entender el porqué de aquellos sucesos: "En
las calles se enfrentaron dos formas diferentes de entender la vida, la
sociedad, el trabajo y hasta la guerra. De una parte, la burguesía, respaldada
por la Iglesia católica y la monarquía borbónica, que apostaban por la
industrialización; y de otra, las clases medias y los sectores más populares,
organizados a partir de los pasos de la Internacional y de las asociaciones
obreras, que buscan el camino del conocimiento".
El gobierno de Maura y el
nuevo gobernador civil, Evaristo Crespo Azorín, lleva a cabo una represión
durísima contra las plataformas obreras catalanas. En total, entre julio de
1909 y abril de 1910 fueron detenidas 1.967 personas y 200 más fueron
expulsadas a 300 kilómetros de Barcelona. Organizó un proceso militar contra
1.925 individuos, de ellos 214 en contumacia, de los cuales 469 fueron
sobreseídos y 584 absueltos. Se dictaron 17 penas de muerte, pero sólo 5 fueron
aplicadas. Siguiendo la acusación formulada en una carta que le dirigen los
prelados de Barcelona, es detenido Francisco Ferrer Guardia, creador de la
Escuela Moderna, a quien acusan de ser el instigador de la revuelta. A pesar de
las protestas internacionales, el 13 de octubre del mismo año Ferrer es
fusilado junto con Eugenio del Hoyo Manjón, Antoni Malet Pujol, Ramón Clemente
García y Josep Miquel Baró en el castillo de Montjuïc. Ninguno de ellos había
sido dirigente destacado durante la revuelta. Estos fusilamientos ocasionan una
amplia repulsa hacia Maura en España y en toda Europa, con una gran campaña en
la prensa extranjera, así como manifestaciones y asaltos a diversas embajadas.
El rey Alfonso XIII, alarmado por estas reacciones tanto en el exterior como en
el interior destituye Maura y lo sustituye por el liberal Segismundo Moret.
Tras los hechos de la Semana Trágica, la Barcelona anarquista recibió el apodo
de la Rosa de fuego. Después se produce el golpe de militar de Miguel Primo de
Rivera. En el triunfo del golpe de estado tuvo mucho que ver el estímulo de la
burguesía catalana (atemorizada por la escalada de terrorismo sindical), la
aquiescencia del rey (particularmente identificado con el estamento militar y
que no había sido ajeno a las extrañas decisiones que llevaron a Annual) y la
pasividad de todas las fuerzas políticas. Una de sus prioridades fue la
restauración del honor patrio comprometido en Marruecos, lo que logró con un
extraordinario despliegue propagandístico y militar, en el ambicioso desembarco
de Alhucemas. En los años de su dictadura, en ausencia legal y efectiva de
oposición (a excepción de algunos intelectuales exiliados, como Unamuno), se
llevó a cabo una política económica y social de signo corporativista, de
aspiraciones interclasistas, que pretendía subordinar al interés nacional los
intereses particulares (locales, partidistas o de clase). En su desarrollo se
contó con un cierto grado de colaboración por parte del sindicato socialista
(UGT). Sus contenidos concretos ya se han indicado (véase la sección
Nacionalismo y economía).
PROCLAMACIÓN DEL ESTADO CATALAN
El último acto violento contra
las instituciones y la reglamentación española se produjo el 6 de octubre de
1934 usando como pretexto una huelga general de las organizaciones obreras de
izquierdas en toda España contra el triunfo de la CEDA (partido de derechas ganador
en las elecciones democráticas del pasado septiembre). La huelga general fue un
enmascaramiento del descontento de las instituciones catalanas al ser
proclamada incompetente a la Generalidad sobre competencia para la ley agraria
de Contratos de cultivos presentada por Luis Compayns a la Cámara y un freno
contra las distintas tentativas de establecer en el periodo de la Segunda República
de España un estado catalán.
El 19 de noviembre de 1933 se
celebraron elecciones democráticas, invirtiéndose la situación de la Cámara del
Congreso. El Centro-Derecha consiguió 375 escaños y la Izquierda, 98. El
partido más votado fue la coalición derechista CEDA (Confederación Española de
Derechas Autónomas) liderada por José María Gil Robles, que obtuvo 115 escaños.
El PSOE quedó reducido a 60 escaños, a los que se sumaron 38 de sus afines, entre
los que figuraba el PC con un solo diputado). El descontento del nacionalismo
contra la derecha parlamentaria fue creciendo hasta la huelga general anunciada
para el día 5 de octubre que desencadenó en violentos disturbios en Madrid,
Asturias y Cataluña. A las nueve de la mañana del día 6 de octubre Luis Companys
(Presidente de la Generalidad) y José
Dencás ordenan a Miguel Badía Capell (autonombrado general en cap de las
Fuerzas de Orden Público) el inmediato reparto de armas a los escamots (Alianza
Obrera) y el llamamiento a los rabasaires (viñenadores). En la Ciudad Condal
había cuatro depósitos de armas: uno en la Consejería de Justicia y Derecho,
otro en la de Gobernación; otro en un centro de Las Corts y el cuarto en la Avenida
de San Andrés. Las armas fueron entregadas a los cuatro mil hombres
distribuidos por los alrededores de Barcelona. En algunas calles comenzaron la
distribución de fusiles y pistolas transportadas en camiones. Según un informe
del general Domingo Batet, «se repartieron públicamente armas cortas y largas y
comenzaron a circular grupos armados».
Proclama de la Alianza Obrera. «El movimiento
insurreccional del proletariado español contra el golpe de Estado cedista ha adquirido
una extensión y una intensidad extraordinaria. Jamás se ha conocido en España
alzamiento de tanta magnitud… Las noticias recibidas de todo el país no pueden
ser más optimistas y alentadoras. Es necesario en estas horas críticas una
acción decidida y enérgica. En este sentido la proclamación de la república
catalana tendrá sin duda una influencia enorme, provocará el entusiasmo de las
masas trabajadoras de todo el país e impulsará vigorosamente su espíritu
combativo. Pero no se puede perder el tiempo. Es hoy cuando hay que proclamar
la república catalana. Mañana podría ser tarde. Conviene que las masas
populares lo tengan presente y cumplan con su deber. ¡Viva la huelga general
revolucionaria! ¡Viva la República catalana!»
En la tarde del día 6 de
octubre de 1934 tuvo lugar en Barcelona la proclamación del Estado Catalán
dentro de la Segunda República Federal Española (14 de abril de 1931) por parte
del presidente de la Generalidad de Cataluña, Lluís Companys. Estos hechos se
encuadran dentro del movimiento insurreccional producido por la entrada de la
CEDA (derecha) en el gobierno de la República (conocidos estos disturbios como
la Revolución de octubre de 1934), en virtud de sus resultados en las
elecciones generales de noviembre de 1933, y son conocidos en la historiografía
nacionalista catalana como hechos del seis de octubre.
LOS ANTECEDENTES
En Cataluña, uno de los
principales propósitos del presidente Companys era la de realizar una reforma
agraria adaptada a las especificidades del campo catalán, en el que miles de
pequeños agricultores dedicados al cultivo de la uva, no disponían de la
propiedad de la tierra, sino que la cultivaban bajo contratos a largo plazo que
dependían de la vida de las viñas (rabassa morta). Así, el Parlamento de
Cataluña aprobó, el 11 de abril de 1934, la Ley de Contratos de Cultivo la cual
garantizaba a los rabassaires la explotación de tierras durante un mínimo de
seis años y la posibilidad de comprar las parcelas que hubieran estado
cultivando durante al menos quince años. El descontento de los terratenientes
llevó a la derecha catalana de la Lliga, representante de los terratenientes
catalanes, que colaboraba en las Cortes Españolas con la CEDA, a reclamar la
declaración de inconstitucionalidad de la ley, pidiéndole al gobierno Samper
que recurriese la ley ante el Tribunal de Garantías Constitucionales, cosa que
hizo. El recurso se basaba en una presunta invasión de competencias estatales,
las referentes a las obligaciones contractuales (que el artículo 15 de la
Constitución de 1931 reservaba al Estado), en tanto que la Generalidat aducía
que en virtud del artículo 12 del Estatuto, le correspondía la legislación en
materia de política social agraria. El 8 de junio de 1934, el tribunal declaró incompetente
al Parlamento de Cataluña sobre el tema y anuló por tanto la ley. La respuesta
de la Generalidad fue la aprobación por el Parlamento de Cataluña de una ley virtualmente
idéntica, aunque Samper y Companys iniciaron una negociación a lo largo del
verano para buscar una fórmula que hiciera compatible la ley con la
Constitución.
La anulación de la Ley de
Contratos de Cultivos creó una grave crisis política entre Madrid y Barcelona
(incluyendo la retirada de los diputados de ERC de las Cortes Españolas) y una
considerable exacerbación nacionalista, que favorecía las actividades paramilitares
y la propaganda separatista de las Joventuts d'Estat Català, dirigidas por
Josep Dencàs. Para males Dencàs logró la consejería de Gobernación el 18 de
septiembre represaliando además al movimiento anarcosindicalista de la ciudad,
en tanto que a Miquel Badia, de ERC, se le encargan los servicios de Orden
Público de Cataluña.
El día 6 de octubre la Alianza
Obrera organizó una manifestación que se dirigió hacia la Plaza de San Jaime
con pancartas reclamando la "República Catalana" pero se disolvió pacíficamente.
En realidad aquel día no hubo actos de violencia en Barcelona y fueron muy escasos
en el resto de Cataluña. Al parecer el presidente de la Generalidad Companys
trató de hablar por teléfono con el presidente de la República Niceto
Alcalá-Zamora para advertirle que le sería imposible contener las reacciones
izquierdistas y nacionalistas contra el nuevo gobierno al que se había
incorporado la CEDA, aunque no logró hablar personalmente con él. Esa mañana
Companys había conocido el anuncio del gobierno de Lerroux de declarar el
estado de guerra en toda España y proclama el Estado catalán y reparte armas a
los sindicatos.
CONSECUENCIAS
En la fracasada rebelión
murieron cuarenta y seis personas, treinta y ocho civiles y ocho militares. Más
de tres mil personas fueron encarceladas, la mayoría de ellas en el vapor
"Uruguay", y puestas bajo la jurisdicción de los consejos de guerra.
También fue detenido Azaña, que se encontraba casualmente en Barcelona para
asistir a los funerales del que fuera ministro de su gabinete Jaume Carner. Los
militares que habían formando parte de la insurrección, el comandante Enrique
Pérez Farrás y los capitanes Escofet y Ricart, fueron condenados a muerte,
siendo su pena conmutada por la de prisión perpetua por el presidente de la
República, Alcalá Zamora, a pesar de las protestas tanto de la CEDA como del
Partido Republicano Liberal Demócrata de Melquíades Álvarez, que pedían mano
dura. El presidente y el gobierno de la Generalidad fueron juzgados por el
Tribunal de Garantías Constitucionales y fueron condenados por "rebelión
militar" a treinta años de prisión, que cumplirán, unos en el penal de
Cartagena y otros en el del Puerto de Santa María. El 23 de febrero de 1935 son
dejados en libertad provisional el alcalde de Barcelona y los concejales
detenidos. El gobierno de Lerroux desató «una dura oleada represiva con la
clausura de centros políticos y sindicales, la supresión de periódicos, la
destitución de ayuntamientos y miles de detenidos, sin que hubieran tenido una
actuación directa en los hechos», lo que evidenció «una voluntad punitiva a
menudo arbitraria y con componentes de venganza de clase o ideológica».
La autonomía catalana fue
suspendida indefinidamente por una ley aprobada el 14 de diciembre a propuesta
del Gobierno (la CEDA exigía la derogación del Estatuto) y la Generalidad de
Cataluña fue sustituida por un Consell de la Generalitat designado por el
Gobierno y con un presidente denominado gobernador general de Cataluña (el
primero fue el coronel Francisco Jiménez Arenas, que ejercía como
"presidente accidental" de la Generalidad desde el 7 de octubre, y
que en enero de 1935 fue sustituido por Manuel Portela Valladares). En abril de
1935, cuando se levantó el estado de guerra, Portela fue sustituido por el
radical Joan Pich i Pon, y algunas de las competencias de la Generalidad le
fueron devueltas, pero no las de Orden Público.
BARCELONA, seis treinta de la
madrugada, día 7: “Se rinde Companys”. A
ésa hora se rinden de forma incondicional las fuerzas que defienden a la
Generalitat al general Batet. Companys fue inmediatamente detenido junto a los
miembros del Gobierno y a los diputados Josep Tarradellas, Antoni Xirau, Joan
Casanellas, Estanislau Ruíz y el presidente del parlamento Joan Casanovas, y
encarcelados en el buque Uruguay fondeado en el puerto de Barcelona, que fue
requisado por las tropas para ser utilizado como prisión.
Lulis Companys y sus consejeros
fueron juzgados por rebelión por el Tribunal de Garantías Constitucionales. El
6 de junio de 1935 por diez votos a favor y ocho en contra, Companys y los
miembros de su gobierno fueron condenados a treinta años de reclusión mayor e
inhabilitación absoluta. Posteriormente Companys y los consejeros Comorera y Lluhí
fueron trasladados al penal de El Puerto de Santa María (Cádiz), en tanto que
el resto de consejeros eran internados en la cárcel de Cartagena.
NO HAY MÁS MENTIRA QUE AQUELLA
QUE UNO CREE Y QUIERE CREER… AUNQUE SEA MENTIRA.


