AMADÍS DE GAULA
LIBRO SEGUNDO CAPÍTULO IV
BELTENEBROS
Amadís anduvo sin rumbo hasta después de medianoche. Su caballo llegó a un arroyo y se detuvo a beber. Las ramas de los árboles le lastimaron el rostro, y entonces recobró el sentido y miró en derredor. No vio más que matorrales, y creyendo que estaba en un sitio muy apartado, se apeó del caballo y atándolo a un árbol se sentó en la hierba. Había llorado tanto, que estaba sin fuerzas y quedó adormecido.
Gandalín, que había quedado junto a la ermita llorando con gran pesar, decidió seguirle y llevarle sus armas. Durín se ofreció a acompañarle. La ventura les llevó hasta donde estaba Amadís. Gadalín oyó relinchar el caballo y se acercó muy encubiertamente. Le quitó los frenos y lo dejó pacer en las verdes ramas.
Amadís despertó de pronto sobresaltado, y vio que se ocultaba la luna. Con fuertes gemidos estuvo lamentando sus desventuras. Gadalín y Durín oían sus lamentos, pero no osaban aparecer ante él. En eso pasó por el camino un caballero que iba diciendo:
¾ ¡Amor, amor, mucho os tengo que agradecer el bien que de vos me viene y la alteza en la que me habéis puesto! Me habéis hecho amar a la hermosa reina Sardamira, y ahora me ponéis en mayor bienaventuranza al hacer amar a la hija del mejor rey del mundo, la hermosa y sin par Oriana.
Galadín se acercó a Amadís y vio que estaba levantado y buscaba su caballo. Amadís tardó en reconocerle, pero luego le dijo:
¾ ¿Quién te mandó venir habiéndotelo prohibido? Dame mi caballo y sigue tu camino; si no, harás que te mate a ti y que me mate yo.
¾ Señor, por Dios ¾dijo Gadalín¾, dejad eso y decidme si habéis oído las locuras que dijo un caballero que pasó por aquí.
¾ Sí lo oí ¾dijo Amadís¾, y quiero mi caballo para marcharme.
¾ ¿Cómo? ¾dijo Gandalín¾ No haréis nada contra él.
¾ ¿Y qué tengo que hacer?
¾ Que combatáis con él y le hagáis conocer su locura.
¾ ¿Te has vuelto loco? ¾dijo Amadís¾. ¿No sabes que yo no tengo seso ni corazón ni esfuerzo, que todo lo he perdido al perder la merced de mi señora? De ella y no de mí me venía todo, y ahora ella me lo ha quitado y cualquier caballero de la Gran Bretaña podría vencerme sin esfuerzo. ¡si soy ahora el caballero más vencido y desesperado que hay en el mundo!
¾ Señor ¾le dijo Gandalín¾, mucho me pesa que os falte en esta hora vuestro corazón, y, por Dios, hablad en voz baja, que aquí está Durín, que oyó las palabras del caballero y creo que viene por ver lo que hacéis y poderlo contar a quien lo envió.
¾ Dame mi caballo y mis armas y guíame.
Encontraron enseguida al caballero, que estaba descansando bajo un árbol. Amadís se acercó y le dijo:
¾ Caballero, conviene que os levantéis para que veamos si sabéis defender un amor de que tanto os loáis.
¾ ¿Quién eres tú? ¾dijo el caballero¾. Ahora verás cómo sé mantener mi amor, y si osáis combatir conmigo quedarás espantado tú y todos los desamparados por el amor.
¾ Ahora lo veremos ¾dijo Amadís¾, pues yo soy uno de esos desamparados, que por más servicios que le hice me dio mal galardón y nunca hallé en él verdad que no hallase siete veces más mentira. Venid y veamos si ganó más en vos que perdió en mí.
El caballero subió en su caballo, tomó sus armas y dijo:
¾ Si el amor os desamparó, hizo bien, pues no merecíais que os favorecieses. Y marchaos de aquí, que solamente de veros tengo gran enojo, y cualquier arma en que en vos pusiese la despreciaría por ello.
¾ Vos no sabéis defender el amor más que con palabras ¾dijo Amadís al ver que el caballero se quería marchar¾, y sois un cobarde.
¾ ¡Cómo! ¿Crees que me voy por temor? Ya se ve que quieres tu daño. Guárdate si puedes.
Se acometieron a todo el correr de los caballos y se dieron con las lanzas en los escudos. El caballero enamorado cayó a tierra, pero mantuvo las riendas y volvió a cabalgar en seguida. Amadís dijo:
¾ Si no mantenéis mejor el amor con la espada, mal empleado está en vos el galardón que os han dado.
El caballero no respondió, pero echó mano a la espada y fue con gran saña contra Amadís. Le dio un golpe en el brocal del escudo de soslayo, y cuando quiso sacar la espada no pudo. Amadís apretó su espada en la mano, se puso de pie en los estribos y le dio un golpe con todas sus fuerzas en el yelmo. La espada le cortó el casco, y al bajar cortó el cuello del caballero. El caballero cayó sin sentido y el caballo sobre él. Cuando Amadís vio que el caballero recobraba el sentido, le dijo:
¾ Caballero, cuanto el amor ganó en vos y vos en él, que sea vuestro y suyo, que yo me quiero ir.
Llamó a Durín y le dijo:
¾ Vete y saluda a Malibia, mi buena prima, y a la buena doncella de Dinamarca, tu hermana, y diles que se duelan de mí, que voy a morir y siento gran pesar por ellas, que tanto me amaron y tanto hicieron por mí sin haber recibido de mí ningún galardón.
Abrazó a Durín llorando, le besó la falda del arnés y lo encomendó a Dios. Comenzaba a salir el alba, y dijo a Gandalín:
¾ Si quieres ir conmigo, no me estorbes en nada que diga o haga.
Amadís se desvió del camino y tomó un valle que conducía a una montaña. A mediodía llegó el caballero a la ribera de un arroyo y se detuvo sin poder andar más. Amadís salió de su ensimismamiento y miró alrededor. No vio poblado alguno, y entonces se apeó y bebió. Gandalín se aproximó, y tomando los caballos se los llevó para que paciesen en la hierba. Al volver encontró a Amadís tan desmayado, que parecía más muerto que vivo. No osó decirle nada y se echó junto a él.
Amadís se levantó cuando el sol se volvía a poner, dio con el pie a Gandalín y le dijo:
¾ ¿Duermes?
¾ No duermo, que estoy pensando en dos cosas que os atañen y que os diría si quisierais oírme.
¾ Ve y ensilla los caballos ¾dijo Amadís¾, que quiero irme para que no me encuentre nadie….

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