lunes, 9 de diciembre de 2013

STEFAN SWEIG


STEFAN ZWEIG


Cada vez que hablamos, en esta mesa camilla, de mis escritores preferidos expreso mi admiración y cariño a todos los autores de todas las épocas… Dicho esto, reconozco que Marino José de Larra es mi escritor admirado en artículos y el autor de la frase que es una premisa para mí: “reírnos de las ridiculeces, ésta es nuestra divisa; ser leídos es nuestro objetivo; decir la verdad, éste es nuestro lema”.

Quizá por ritmo, por voz y por estilo me identifico más con el romanticismo español de las leyendas de Gustavo A. Bécquer, los versos de Espronceda, la melosa voz de Rosalía de Castro (más tardío que el francés); pero si un autor ha conseguido sobresaltar mi sosiego, gustarme y hacer de mí que sea un lector rápido y ávido de finales emocionantes es Stefan Zweig. Parece ser que ideológicamente: antinacionalista, antimilitarista, en voz y en estilo, me gusta imitar sus trabajos.

Por desgracia para los amantes de la literatura tanto Mariano José de Larra como Stefan Zweig, y Baudelaire decidieron que era preferible acabar con sus vidas. En el conflicto personal de Stefan Zweig decide morir que seguir en un Mundo que no era de su agrado y en el caso de Stefan Zweig más cercano al Apocalipsis y al lamentable espectáculo de la ignominia cultural y política de la raza humana.

Stefan Zweig nace en una familia judía y acomodada cuando Viena pertenece al imperio Austrohúngaro, Viena, Austria en 1881 y decide junto a su mujer que es mejor quitarse la vida que ver el mundo bajo el poder del imparable Tercer Raich en la ciudad de Petropolis Brasil después de la caída de Singapur bajo el dominio japonés en 1942). Stephan Zweig, es hijo de un poderoso industrial, recibió una esmerada educación y consigue publicar sus primeros versos de bachiller: Cuerdas de plata. Anteriormente ya habían publicado varios trabajos de ensayo. Tras obtener el título de doctor en Filosofía se traslada a París, luego a Londres. Durante sus años de juventud recorrió Europa trabajando como traductor y colaborando en distintas publicaciones. Además de sus propias creaciones en teatro, periodismo y ensayo, Zweig trabajó en traducciones de autores como Paul Verlaine, Charles Baudelaire y Émile Verhaeren. En 1910 visitó la India, los Estados Unidos y en 1913 se estableció en Salzburgo, Austria, donde habrá de vivir durante casi veinte años. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, manifestó su posición pacifista, se refugió en Suiza . Ante la implantación cada vez mayor de las fuerzas nazis en Austria, emigró a Londres. A poco de estallar la segunda guerra mundial busca refugio al otro lado del Atlántico y se establece en Brasil. Convencido de la definitiva destrucción de los valores culturales y espirituales europeos bajo la bota totalitaria del nazismo de Hitler, se quita la vida, junto a su esposa en 1942. El trágico fin de su vida ocurrió en Río de Janeiro. Su entierro, celebrado en Río con honores de jefe de estado, fue un acto multitudinario.

Los centenares de miles de ejemplares de sus obras que se han vendido en todo el mundo atestiguan que Stefan Zweig es uno de los autores más leídos del siglo XX. Zweig se ha labrado una fama de escritor completo y se ha destacado en todos los géneros. Como novelista refleja la lucha de los hombres bajo el dominio de las pasiones con un estilo liberado de todo tinte folletinesco. Sus tensas narraciones reflejan la vida en los momentos de crisis, a cuyo resplandor se revelan los caracteres; sus biografías, basadas en la más rigurosa investigación de las fuentes históricas, ocultan hábilmente su fondo erudito tras una equilibrada composición y un admirable estilo, que confieren a estos libros categoría de obra de arte. En sus biografías es el atrevido pero devoto admirador del genio, cuyo misterio ha desvelado para comprenderlo y amarlo con un afecto íntimo y profundo. En sus ensayos analiza problemas culturales, políticos y sociológicos del pasado o del presente con hondura psicológica, filosófica y literaria.

De su producción literaria destacan 'Cuerdas de plata', un ejemplar donde reúne su poesía, y novelas como 'Jeremías', 'Amok', 'El jugador de ajedrez' o 'La confusión de los sentimientos'. También escribió las biografías de algunos de los personajes más grandes de la literatura como Dickens o Balzac

"... el inesperado éxito de mis libros proviene, según creo, en última instancia de un vicio personal, a saber: que soy un lector impaciente y de mucho temperamento. Me irrita toda facundia, todo lo difuso y vagamente exaltado, lo ambiguo, lo innecesariamente morboso de una novela, de una biografía, de una exposición intelectual. Sólo un libro que se mantiene siempre, página tras página sobre su nivel y que arrastra al lector hasta la última línea sin dejarle tomar aliento, me proporciona un perfecto deleite. Nueve de cada diez libros que caen en mis manos, los encuentro sobrecargados de descripciones superfluas, diálogos extensos y figuras secundarias inútiles, que les quitan tensión y les restan dinamismo."

“Por mi vida han galopado todos los corceles amarillentos del Apocalipsis, la revolución y el hambre, la inflación y el terror, las epidemias y la emigración; he visto nacer y expandirse ante mis propios ojos las grandes ideologías de masas: el fascismo en Italia, el nacionalsocialismo en Alemania, el bolchevismo en Rusia y, sobre todo, la peor de todas las pestes: el nacionalismo, que envenena la flor de nuestra cultura europea”. (Prefacio de “El mundo de ayer”). STEFAN ZWEIG

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